Un equipo italiano revisó uno por uno los 212 casos de síndrome del piriforme publicados en la literatura médica entre 1980 y 2024. En el 47,6% de esos pacientes no apareció ningún hallazgo, ni en las pruebas de imagen ni en el quirófano, que explicara el dolor.

Piernas de una mujer bajando en sentadilla sobre el césped, al aire libre

Casi la mitad.

El dato está en una revisión sistemática publicada en BMC Surgery y resume el problema de este diagnóstico mejor que cualquier explicación: existe, duele de verdad, y casi nunca se puede demostrar. Por eso conviene tratarlo con más cuidado del que se le suele dar en internet, donde se resuelve con cuatro estiramientos y una pelota de tenis.

Verás el nombre escrito de las dos formas, periforme y piriforme. La correcta es piriforme, del latín pirum, pera, por la forma del músculo.

¿Qué es el síndrome del periforme?

El músculo piriforme es una banda plana que sale del sacro, cruza la escotadura ciática mayor y se inserta en el trocánter mayor del fémur. Su trabajo es rotar el muslo hacia fuera y estabilizar la cadera cuando apoyas una sola pierna. Justo por debajo de él pasa el nervio ciático.

Cuando ese músculo se irrita, se inflama o entra en espasmo, puede comprimir o irritar el nervio y producir dolor en el glúteo que baja por la parte posterior del muslo, a veces con hormigueo o adormecimiento. Ese cuadro es el síndrome del piriforme.

Ahora la parte que casi nadie te cuenta con números. Según el capítulo de StatPearls dedicado a esta afección, el síndrome del piriforme puede ser responsable de entre el 0,3% y el 6% de todos los casos de dolor lumbar o de ciática. En el otro 94% o más, el dolor viene de otra parte.

Ese mismo capítulo recoge la proporción que se repite en todos los manuales: una relación de 1 a 6 entre hombres y mujeres afectados, y aparición sobre todo en la edad media de la vida.

Vale la pena contrastar esa cifra con lo que se ve en los casos reales publicados. En los 212 pacientes de la revisión de BMC Surgery había 117 mujeres y 95 hombres, con una edad media de 43,6 años. Eso es una proporción de aproximadamente 1,2 a 1, no de 1 a 6. Las dos cifras miden cosas distintas y ninguna es una encuesta de población, así que lo defendible es decir que la diferencia por sexo existe y que su tamaño no está establecido. Desconfía de quien te la explique con demasiada seguridad.

Los cuatro rasgos que lo definen

Kevork Hopayian y su equipo hicieron el trabajo que faltaba: reunir todos los estudios que aportaran datos utilizables sobre el diagnóstico y contar qué síntomas aparecían de verdad. Su revisión sistemática, publicada en European Spine Journal, incluyó 55 estudios. Los rasgos más frecuentes fueron cuatro:

  • Dolor en el glúteo
  • Sensibilidad a la palpación por fuera, cerca de la escotadura ciática mayor
  • Dolor que empeora al estar sentado
  • Dolor que aumenta con cualquier maniobra que tense el músculo piriforme

Ocho años después, los mismos autores actualizaron la revisión y el cuarteto se sostuvo, con la limitación de la elevación de la pierna recta como quinto rasgo frecuente. Añadieron una advertencia que le importa a cualquiera que se haya hecho una prueba en consulta: la elevación de la pierna recta normal no descarta el diagnóstico.

Y algo más incómodo. En esa actualización dejaron escrito que la calidad de los casos publicados no había mejorado y que los dos estudios de prevalencia más grandes tenían alto riesgo de sesgo.

Con esos mimbres se diagnostica hoy.

Por qué es un diagnóstico de exclusión

No existe ninguna prueba que confirme el síndrome del piriforme. El capítulo de StatPearls lo dice sin ambigüedad: el diagnóstico es fundamentalmente clínico y de exclusión, y la ecografía, la resonancia, la tomografía y el electromiograma sirven sobre todo para descartar otras causas.

Esas otras causas son muchas y algunas son bastante más frecuentes:

  • Hernia de disco lumbar. Según el capítulo de StatPearls sobre hernia discal, su incidencia es de 5 a 20 casos por cada 1.000 adultos al año, con más frecuencia entre los 30 y los 50 años y una proporción de aproximadamente 2 hombres por cada mujer.
  • Estenosis del canal lumbar y radiculopatía lumbosacra, que producen dolor irradiado por vías distintas.
  • Lesión de isquiotibiales en su inserción alta, que duele exactamente donde te sientas.
  • Disfunción de la articulación sacroilíaca y síndrome facetario.
  • Causas raras y graves: tumores, aneurisma de la arteria glútea inferior, malformaciones arteriovenosas.

El nombre que se está imponiendo en la literatura para el conjunto es síndrome glúteo profundo, porque reconoce que el piriforme es solo uno de los tejidos que pueden atrapar el nervio ciático en esa región.

La anatomía ayuda a entender la variabilidad. En más del 80% de las personas el nervio ciático pasa por debajo del vientre del piriforme, pero existen variantes en las que lo atraviesa o se divide alrededor. Una revisión sistemática publicada en Morphologie repasó 16 estudios anatómicos y concluyó que, de todas las variantes descritas por Beaton y Anson, solo los tipos C y D y una variante morfológica del propio músculo se identificaron con claridad como causa del síndrome. Tener una variante anatómica no equivale a tener el cuadro.

Cuándo dejar de esperar y buscar ayuda

Esta es la parte que debería ir antes que cualquier estiramiento, y por eso va antes.

El capítulo de StatPearls sobre la ciática aporta el marco temporal: la incidencia a lo largo de la vida se estima entre el 10% y el 40%, la anual entre el 1% y el 5%, y la mayoría de los casos se resuelve en menos de cuatro a seis semanas sin complicaciones a largo plazo, aunque no se busque tratamiento médico.

Ese es tu reloj. Si a las seis semanas el dolor sigue igual o va a más, deja de administrártelo por tu cuenta y pide valoración.

Hay señales que no admiten espera. Ese mismo capítulo enumera lo que obliga a estudiar el caso de inmediato:

  • Incontinencia de orina o de heces, o retención urinaria
  • Debilidad en la pierna, sobre todo si va en aumento
  • Fiebre, sudores nocturnos o escalofríos, que no encajan con una ciática simple
  • Antecedente de cáncer, de tuberculosis o de traumatismo reciente
  • Uso de anticoagulantes, inmunosupresión o consumo de drogas por vía intravenosa

Si aparece cualquiera de estas, urgencias, no fisioterapia.

Y un motivo de consulta menos urgente pero igual de válido: dolor que baja de forma clara por debajo de la rodilla, o adormecimiento que sigue un recorrido concreto de la pierna. Eso apunta a raíz nerviosa y merece que lo mire alguien con las manos y con la historia clínica delante.

¿Qué puede causar el síndrome del periforme?

El músculo piriforme participa en casi todo lo que haces con la mitad inferior del cuerpo: caminar, correr, cambiar el peso de una pierna a otra, subir y bajar escaleras. Cuando se irrita o se lesiona aparecen espasmos que tensan la zona por la que discurre el nervio ciático.

Cuatro situaciones concentran los casos descritos. Van con un matiz importante delante: son asociaciones observadas en series de casos, no causas demostradas en estudios prospectivos.

  1. Golpes y caídas sobre el glúteo. Es lo mejor documentado de los cuatro. En la revisión de los 212 casos publicados, el 38,2% de los pacientes tenía antecedente de traumatismo pélvico directo o indirecto, o de sobrecarga del músculo por actividad física intensa o deporte.
  2. Estar sentado mucho tiempo seguido. Un estudio transversal publicado en BMJ Open evaluó a 190 estudiantes universitarios de ciencias de la salud y encontró asociación entre el cuadro y las posturas de sentado, la duración del tiempo sentado y la puntuación de actividad física. El mismo patrón asoma en deportistas: en una encuesta a 67 jugadores de hockey de alto nivel, el síntoma más frecuente, en el 40,3% de los participantes, fue precisamente el dolor de glúteo al sentarse. Estar horas sentado también favorece la amnesia glútea, que es otra cosa distinta y a menudo coincide con esta.
  3. Levantar peso con mala mecánica. Un gesto brusco o una carga mal gestionada pueden lesionar el músculo. Aquí no hay cifras de calidad, solo la descripción repetida en series clínicas, y así hay que tomarlo.
  4. Progresar demasiado rápido y sin supervisión. Entrenar es importante, y hacerlo sin nadie que corrija posiciones ni frene la carga es la vía más común a las sobrecargas de la cadera. Sobre esto tenemos una guía completa de entrenamiento consciente para evitar lesiones en el gimnasio.

Sobre el estudio de los 190 estudiantes hay que decir una cosa más, porque es el tipo de dato que se cita mal. Su prevalencia declarada fue del 61,1%, una cifra que no se puede comparar con el 0,3% al 6% del que hablábamos antes: aquella mide casos de dolor lumbar y ciática atribuidos al piriforme y esta mide respuestas a un cuestionario de síntomas. Un cuestionario no es un diagnóstico.

Qué dice la evidencia sobre los tratamientos

Empecemos por lo que se hace en casa. Un ensayo clínico publicado en BMC Sports Science, Medicine and Rehabilitation repartió a 45 personas con dolor lumbar y síndrome glúteo profundo en tres grupos: estiramiento propio, autocompresión del músculo y un grupo control que solo recibió calor y estimulación eléctrica.

El dolor y la discapacidad bajaron de forma significativa en los tres grupos, incluido el control. Solo la discapacidad mejoró más con el estiramiento que con la compresión.

Es un resultado modesto y así hay que leerlo: el estiramiento aporta algo, y una parte grande de la mejoría habría llegado igual.

La foto general no es más brillante. Una revisión sistemática de tratamientos conservadores y quirúrgicos del síndrome glúteo profundo reunió 13 estudios con 508 pacientes, de los cuales 8 eran ensayos aleatorizados. Solo tres alcanzaron la diferencia mínima clínicamente importante en reducción del dolor, y solo uno en discapacidad. La calidad global de la evidencia fue baja, y la conclusión de los autores es que ningún tratamiento conservador puede recomendarse por encima de otro, y que lo razonable es seguir las guías generales de manejo del dolor de espalda y la ciática, empezando por fisioterapia.

Si quieres saber en qué consiste ese trabajo antes de pedir cita, tenemos una explicación de qué es la fisioterapia y qué hace un fisioterapeuta.

En infiltraciones sí hay cifras. Un metaanálisis publicado en Pain Physician reunió 16 estudios, doce de ellos en el análisis cuantitativo, y midió la caída del dolor con cada opción. La combinación de anestésico local y corticoide dio la mayor reducción (diferencia de medias estandarizada de 4,34), por delante del anestésico solo (3,73), del corticoide solo (2,78) y de la toxina botulínica (2,00). La inyección de placebo apenas movió la aguja (0,04). Los propios autores advierten que muchos de los estudios incluidos no eran aleatorizados y que la calidad es moderada.

Y la cirugía, que es donde el diagnóstico se cobra los errores. En la revisión de los 212 casos publicados, los pacientes diagnosticados solo por criterio clínico, sin ningún hallazgo instrumental, tuvieron una razón de probabilidades de 5,3 de que la cirugía fracasara.

Operar una hipótesis sale caro.

Conviene añadir el contexto que hace legible ese 58,9% de casos operados: son casos publicados. Lo que llega a una revista es lo raro, lo grave y lo que alguien quiso contar. El síndrome del piriforme corriente, el que mejora en unas semanas, no se publica nunca.

Qué puedes hacer mientras tanto

Con la valoración hecha y las señales de alarma descartadas, hay medidas que ayudan a convivir con las molestias y a que no vuelvan, aunque no sean un tratamiento en sí mismas: usar bien los equipos del gimnasio, medir la fuerza y la intensidad de cada ejercicio, alternar frío y calor en la zona dolorida, y cuidar la postura al sentarte, al conducir y al estar de pie para que el músculo no cargue con todo el peso.

Levantarte cada media hora vale más que el estiramiento perfecto.

El trabajo de movilidad de cadera tiene sentido preventivo por su cuenta, y para eso sirven estos ejercicios de flexibilidad. Si además notas que el glúteo no responde como debería, revisa la debilidad glútea y las tres divisiones que componen al glúteo, porque el piriforme trabaja pegado a ellas.

Preguntas frecuentes

¿Cuánto dura el síndrome del piriforme?

No hay una cifra propia porque casi no existen estudios de seguimiento del cuadro aislado. La referencia útil es la de la ciática en general: la mayoría de los casos cede en menos de cuatro a seis semanas, incluso sin tratamiento médico. Si a las seis semanas sigues igual, el plazo dejó de ser normal y toca una valoración presencial en lugar de más semanas de estiramientos.

¿Cómo sé si es el piriforme o una hernia de disco?

No lo puedes saber por tu cuenta, y ese es el punto. El síndrome del piriforme es un diagnóstico de exclusión: se establece cuando se han descartado otras causas, y las pruebas de imagen sirven justamente para eso. Los cuatro rasgos que más se repiten en el piriforme son dolor de glúteo, sensibilidad a la palpación cerca de la escotadura ciática, empeoramiento al estar sentado y aumento del dolor con maniobras que tensan el músculo. Ninguno de ellos descarta una hernia, que además es bastante más frecuente.

¿Los estiramientos sirven para el piriforme?

Aportan algo y no son magia. En el ensayo que los comparó con la autocompresión y con un grupo de control, el dolor y la discapacidad bajaron en los tres grupos, y el estiramiento solo sacó ventaja en discapacidad. La revisión sistemática de tratamientos concluye que ningún abordaje conservador puede recomendarse por encima de otro con la evidencia disponible. Tienen sentido como parte de un plan supervisado, no como el plan entero.

¿Las infiltraciones para el piriforme funcionan?

Son la opción con las cifras más claras dentro de un campo poco firme. En el metaanálisis disponible, la combinación de anestésico local con corticoide fue la que más redujo el dolor, seguida del anestésico solo, del corticoide solo y de la toxina botulínica, con la inyección de placebo casi sin efecto. Los autores advierten que muchos estudios incluidos no eran aleatorizados. Es una decisión médica, no una compra de catálogo, y va después de agotar lo conservador.

¿Puedo seguir entrenando con dolor de piriforme?

Depende de las señales de alarma. Si hay debilidad en la pierna, dificultad para controlar la orina o las heces, fiebre o antecedente de cáncer, deja de entrenar y busca atención el mismo día. Si no las hay, lo sensato es retirar lo que reproduce el dolor, mantener el resto del entrenamiento y evitar las sentadas largas. Volver a la carga alta antes de que el dolor ceda es la vía rápida a cronificarlo.

Evitar dolencias e incomodidades en tus glúteos es más fácil con un buen asesoramiento y seguimiento físico, así que puedes escribirnos por Instagram y te orientamos, siempre con la valoración de un profesional sanitario por delante cuando hay dolor de por medio.